España sueña con la segunda estrella
La España más futbolera, esa que sigue mucho a sus equipos durante el año, pero que es acérrima aficionada de la Roja en verano, fantasea desde hace tiempo con lo que puede pasar en los partidos de la Copa Mundial de Fútbol 2026, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá este verano. Y es que, desde el brillante triunfo de la selección española en la pasada Eurocopa, el equipo nacional ha sido una especie de proyecto ilusionante que encadenaba éxitos, partidos sin perder e incluso semanas en el primer puesto de la clasificación de la FIFA, algo que perdió, en favor de Francia, con el empate 0-0 ante Egipto en el último amistoso.
Es cierto que la selección española no es una máquina perfecta, ni un equipo infalible. Y también que tiene algunas posiciones que pueden ser un quebradero de cabeza si hay lesiones de los titulares; es el caso de un lateral derecho en el que Marcos Llorente, que originalmente es centrocampista, parece la opción más fiable antes que un Pedro Porro que está teniendo un año complicado en Tottenham, y a Carvajal ya ni se le espera por Las Rozas. También entraría en esa categoría la posición de delantero centro, ya que Oyarzábal se hincha cada vez que se enfunda la camiseta de la selección, pero lo que tiene detrás, para darle descanso o reemplazo, es un auténtico solar; Morata ya no parece una opción y Ferran Torres hace tiempo que no marca ni al arco iris.
Dicho todo esto, España bien puede ser el mejor equipo del mundo, especialmente si recupera a tiempo piezas esenciales como Mikel Merino y Nico Williams. Todas las selecciones tienen carencias, dependencias y problemas varios. Francia, por ejemplo, actual número uno del mundo y un equipazo también, lleva años con Deschamps y con una plantilla a reventar de estrellas, pero nunca ha encontrado la manera de jugar bien de manera sistemática, y sufre en la coordinación y el trabajo básico del equipo, con y sin balón, especialmente por su falta de centrocampistas más creativos y, en ocasiones, por la pereza defensiva de algunas de sus estrellas, como un Mbappé que se hincha a marcar también con el equipo nacional.
Si miramos a otro de los favoritos, el vigente campeón, Argentina, mira con preocupación al carnet de identidad de Messi, suspira por que dispute su último mundial, y teme lo qué pasaría si no lo hace. La albiceleste es otro gran equipo, pero con varias carencias también en el fondo de armario y, en ocasiones, con cierto desnivel entre los jugadores de la selección que destacan en Europa y los que lo hacen en su liga.
¿Y Brasil? Ancelotti ha dado alguna muestra ocasional de mejoría, pero lo cierto es que la selección brasileña es, en principio, de las más mediocres que se recuerdan. Los hinchas de la canarinha rezan para que Raphinha y Vinícius no se resfríen. Especialmente con el culé, que acumula lesiones esta temporada, la última en un amistoso con la selección cuyas consecuencias paga duramente el Barcelona, y Brasil espera que no se lesione en el final de temporada con el Barça, para equilibrar las desgracias de unos y de otros y multiplicar las del jugador, y se pierda el Mundial.
Escalones por debajo aparecen selecciones como la histórica Alemania, a quien nadie puede descartar, pero que presenta serios problemas en la portería, con la lesión de Ter Stegen, aunque el nivel del cuarentón Neuer invita a pensar que puede tener una última gran fiesta con su selección. O la Portugal del también cuarentón Cristiano Ronaldo, que buscará despedirse de su querida Portugal a lo grande. Los lusos son un equipo potente y que le pueden amargar el torneo a cualquiera. Seguramente, la Croacia del también veteranísimo Luka Modric entra en esta categoría, aunque ha perdido algo del brillo de antaño. Marruecos simboliza la pujanza africana, aunque todo el jaleo de la Copa de África le ha restado popularidad a espuertas y habrá que ver cómo reaccionan los marroquíes a encontrarse, presumiblemente, una mayor hostilidad en todos los campos.
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